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The New Age - VOICE Blog
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Wed, 30 May 2007
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La historia de España es una gran mentira,
asegura el autor Antonio Gala
Se repiten los hechos, como vemos con la derecha
que sólo se mueve por el poder, afirma
ARMANDO G. TEJEDA CORRESPONSAL
El escritor español Antonio Gala Foto: Armando
Tejeda
Madrid, 31 de marzo. La "leyenda negra" o los
grandes "mitos" de la historia de España han sido
una obsesión para el escritor español Antonio
Gala, quien desde pequeño cargó como una loza
esa "herencia maldita" que le hablaba de grandes
gestas heroicas, de reyes magnánimos y de
empresas encomiables como la "cristianización"
del Nuevo Mundo. Con el paso de los años y un
estudio riguroso de las fuentes históricas, Gala
llegó a una conclusión rotunda: "La historia de
España es una gran mentira".
Para purgar todos estos aprendizajes de infancia,
Gala escribió la novela El pedestal de las
estatuas (Planeta), en la que habla de la
historia de este país como
algo "turbio", "incestuoso", "laberíntico", "corru
pto" y "vil", en la que no sólo desnuda los
devaneos amorosos de la corte real, sino que
además desmitifica a personajes como Isabel La
Católica -"esa hermosa envenenadora"
y "megalómana espantosa"- y Felipe II -"un
traidor y un sinvergüenza"-.
En entrevista con La Jornada, Gala advirtió que
un pueblo que no conoce su historia está
condenado a repetirla, como está ocurriendo en
estos momentos con una derecha "de ultras, que
sólo se mueven por el poder, el dinero y la
mentira".
-¿Por qué decide purgar los grandes mitos de la
historia de España?
-Es un libro didáctico. Yo lo que aspiro con él
es, primero, que el lector se entere, en segundo
lugar que se divierta, porque algunas cosas que
cuento son muy sorprendentes y después que
reflexione sobre la historia de su país. Creo que
un pueblo que no conoce su verdadera historia
primero está condenado a repetirla, sobre todo
los errores, y en segundo lugar porque un pueblo
que no conoce su historia no es un verdadero
pueblo. Porque la historia nos configura, es
nuestro origen y nuestro proyecto, es la memoria
y también es nuestra profecía. Somos porque la
historia nos conforma, nos reforma, nos
transforma y eso es lo que hace a un pueblo.
-¿Cómo es que dudó desde pequeño de la historia
que le enseñaban?
-Así es. Tanto que cuando era muy niño le decía a
mi amá que lo que me ensañaban era como el cuento
de Barba Azul, que hay un cuarto al que no puedes
entrar, pero que tiene en la puerta el rótulo de
leyenda negra. La única diferencia entre la
historia de España y la de Inglaterra, por
ejemplo, es que los ingleses han tenido un
Shakespeare que en todas sus tragedias nos contó
las barbaridades de la historia de ese país.
Mientras que nosotros tuvimos un Siglo de Oro
cuyos autores de teatro se dedicaban a exaltar
las supuestas proezas de los reyes y de la
Iglesia. Decían que éramos maravillosos,
designados por Dios y la Providencia en la tierra
como las llamados a catolizar el mundo, los
descubridores del Nuevo Mundo. Y que los demás
nos han calumniado, nos han envidiado, nos han
insultado y nos han apedreado. Por eso creo que
hemos sido muy imbéciles creyendo todas esas
milongas, como la veneración a Isabel la
Católica, un personaje que yo detesto y que si
hay un infierno lo llenaría ella sola, porque era
vengativa, mala, envenenadora y sin ningún
derecho al trono.
-Para contar todo esto, usted utiliza a un
personaje ficticio y un manuscrito también
inventado, pero ¿qué tanto de lo que cuenta se
puede considerar verdad histórica?
-A mí me va muy bien inventar manuscritos porque
adoro contar en primera persona. El narrador
omnisciente, que lo sabe todo, lo que va a pasar
y lo que ha pasado, no lo puedo ver. Me parece un
pelmazo horroroso. Por eso me invento a Antonio
Pérez y al manuscrito, pero lo que sí es cierto
es el contenido. Por ejemplo, el primer contenido
más grave es el de la reina mal
llamada "católica", que se casa con Fernando de
Aragón para formar una unión de dos reinos. Pero
no una unidad, que es algo voluntario, terso,
generoso, fraternal, mientras que la unión es una
imposición que se crea sobre algo tan sutil como
la religión. Isabel la Católica llevó al extremo
la idea de que a los otros los ahorquen, que los
decapiten, que los persigan y que los quemen.
-¿Qué novedades históricas tiene El pedestal de
las estatuas?
-Yo soy muy aficionado a la historia, incluso
tengo el doctorado en historia, pero en el libro
no desvelo más que cuatro cosas, las demás ya son
probadas. Por ejemplo, yo afirma con casi total
seguridad que Isabel la Católica no era hija de
Juan II, quien tenía como amante desde los cinco
años a don Alvaro de Luna y que finalmente lo
asesinó. Este hecho incluso lo registró en sus
versos Jorge Manrique.
-También analiza la figura de Cristóbal Colón y
su familia...
-Sí, todos ellos unos asquerosos y unos
pendencieros. Está probado que mataron más los
virreyes que los reyes, y que los primeros en
llegar también llevaron enfermedades y muerte. No
creo, a pesar de todo, que la intención fuera
mala, pues iban arriesgando sus vidas, además de
que en España hasta la fecha hay una especie de
fraternidad con las llamadas colonias en cierto
grado mayor que la que hay entre los pueblos de
España. Por ejemplo, un andaluz se entendería
mejor con un mexicano o un venezolano que con un
catalán.
-¿Por qué elige el siglo XVI, cree acaso que ha
sido una época clave en la historia de España?
-Sí, porque ahí sucede algo grave que se repite
hasta la historia de nuestros días. Lo mismo que
ocurre en la época de Isabel la Católica pasó
durante la dictadura de Franco. Yo me di cuenta
de que este libro tenía una proyección hacia el
futuro corrigiendo galeradas, pues Franco hablaba
de la España una, grande y libre, igual que la
envenenadora de Isabel. Y eso es mentira. Cuando
la derecha de ahora dice que España se desangra
se basa en una impostura, en una mentira
histórica enorme, pues España nunca ha estado
unida de forma voluntaria.
-¿No le preocupa cómo está la situación política
en estos momentos, con la postura de la derecha
cada vez más intransigente?
Bueno, es parte de la historia también. La
Iglesia aliada de los ultras es algo habitual.
Porque los ultras no son idealistas, simplemente
se mueven por el poder, el dinero y el odio al
adversario, que consideran enemigo. Son los
eternos traidores de este país, los que envenenan
la convivencia.
Posted 08:06
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